domingo, 6 de julio de 2008

Vicente Esplugues Ferrero, 36 años. Misionero...por tantos

Vicente Esplugues Ferrero, 36 años. Misionero.

casos_misionero.jpg“Entregar mi vida a los demás da sentido a mi propia vida”.

El hecho de trabajar en Madrid durante el año y viajar en los meses de verano a África le hace vivir los problemas de “cerca y de lejos” “Aunque los matices son distintos, en ambos mundos hay problemas, necesidades y sufrimientos. Allí los sufrimientos son más primarios, más externos, más de piel hacia fuera: faltan cosas muy obvias. Aquí nos hemos centrado tanto en el bienestar y el placer que no sabemos qué hacer con la vida, nos falta vida pura. África es muy honesta y colaboradora. Occidente es muy egoísta e individualista y busca el bienestar en un spa urbano o en un balneario de aguas saludables”.

“La experiencia de acercarse a la parte pobre del mundo es un regalo muy difícil de olvidar. Mi primera visita a Camerún me dejo muchos días sin habla. No podía entender cómo estando en las mismas fechas, en el mismo siglo XXI puede haber tal abismo de distancia ente África y Europa. Pensaba que lo normal era lo que yo había vivido en mi Valencia natal. Y de repente el avión te deja en otro continente, para mí en otro mundo de caos, de suciedad, de desorganización, de pobreza, de muerte. Y lo más duro ver que la impotencia te rodea, te paraliza. Menos mal que fui acompañado por gente de fe. Gente sabia, llena de África en las venas y sobre todo en el corazón. Y esa gente comprensiva, me fue enseñando el tesoro que África tiene escondido en medio del barro. Y ese tesoro son sus gentes, los pigmeos, su capacidad de transmitir alegría cuando la pobreza lo rodea todo. Y su fe, en la buena voluntad de los misioneros se convierte en el milagro, al estilo de los del Nazareno. Dos panes, cinco peces, unos jóvenes españoles. Y el milagro que empieza a ocurrir. Y las casas empiezan a construirse y a acoger niños, y las fuentes potabilizan los manantiales y la gente puede saciar su sed. Y el milagro crece, como la semilla de mostaza. Y África se vuelve cercana. Y ya hay nombres de amigos: Pafet, E´jae, Onesim… y el reino aparece. Y yo me vuelvo más humilde, más pobre, más hermano. Doy gracias al Padre porque oculta estas cosas a los sabios y a los inteligentes y se las revela a los sencillos”.

“Se trata de un compromiso permanente. No somos una estrella fugaz. Llevamos muchos años y seguiremos ahí apoyando a quienes más lo necesitan, porque el apoyo de la Iglesia no es oportunista, sino real”.

Vicente ha estado en Venezuela, en Colombia y en varias zonas de España.

Actualmente combina su labor como capellán universitario en la Facultad de Arquitectos Técnicos de la Universidad Politécnica de Madrid, con la de Vicario Parroquial en Ntra. Sra. De las Américas en el Barrio de la Pionera de la capital. En verano, viaja a Camerún con la ONG Zerca y Lejos, con la que colabora en el desempeño de varias tareas de desarrollo y evangelización.

1 comentario:

Hugo dijo...

Hola Hermano, quizas no te recuerdes de mi me llamo Hugo Ortega soy de Barquisimeto Venezuela te conocì por medio de mi mamà qui trabajo en la escuela artesanal San Josè siempre te recordamos; si puedes contactame a los siguientes correos: horteg@cantv.net, horteg_5000@hotmail.com