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lunes, 12 de enero de 2009

TRAS LAS HUELLAS DE PABLO

Nuestros compañeros de www.auladereli.es nos han facilitado un material extraordinario sobre la figura de San Pablo.
Durante la pasada Navidad, Popular TV emitió una serie de documentales titulados "La huella de San Pablo" con el objetivo de que los espectadores puedan conocer y casi vivir las huellas de San Pablo cuando se cumplen 2.000 años de su nacimiento. Esta serie de documentales presenta un recorrido por Turquía, un país que este año santo será centro de peregrinación mundial para viajar a los orígenes del cristianismo.
Se trata de un valioso material que nos ayuda a recorrer en cuatro capítulos de unos 20 minutos de duración cada uno, la vida y misión de Pablo, con imágenes actuales de los lugares en los que vivió y desarrolló su ministerio el apóstol de los gentiles y con comentarios de especialistas que nos ayudan a conocer mejor su figura.
Video 1

Video 2

Video 3

Video 4

miércoles, 26 de noviembre de 2008

VIDA DE SAN PABLO EN DIBUJOS ANIMADOS

Seguimos presentando materiales de utilidad sobre el "apóstol de los gentiles" en este año jubilar paulino. En esta ocasión, una serie de tres vídeos de dibujos animados alojados en YouTube (desconocemos los autores) sobre la vida de San Pablo partiendo del martirio de San Esteban hasta la misma muerte de Pablo. Sobre todo destinado para alumnos de Primaria y primer ciclo de la ESO.


PARTE 2
PARTE 3

VIDA DE SAN PABLO EN POWERPOINT

A continuación os dejamos una serie de presentaciones en powerpoint con la vida y obra de San Pablo:


martes, 1 de julio de 2008

SAN PABLO, EL APÓSTOL DE LAS GENTES

EL APÓSTOL DE LAS GENTES
Pablo de Tarso (originalmente Saulo), canonizado como San Pablo Apóstol († 67), no conoció en vida -como los apóstoles- a Jesús, pero fue el primero que tuvo sólo como experiencia la del Cristo Resucitado.
Nació en Tarso y en su juventud fue mandado a Jerusalén, donde fue rigurosamente formado, en la enseñanza de la Ley, por Gamaliel el Viejo.
Después de algunos años regresó a Tarso, él no se encontraba en Jerusalén cuando Jesús predicaba. Su regreso tuvo lugar poco años después de la pasión de Cristo.
En esta fase de su vida, Saulo fue un fariseo muy activo: fue testigo de la lapidación de Esteban, pues custodiaba la ropa de los asesinos, como nos lo describen los Hechos de los Apóstoles (8, 1-3). Recibió poco después el encargo de ir a Damasco para apresar a los cristianos de aquélla ciudad (Hech. 9,2), en dicha tarea fue particularmente celoso en el cumplirla y decidido en ir contra la religión cristiana, que comenzaba a difundirse y afirmarse.
Su conversión sucedió en el camino a Damasco, cuando inesperadamente una luz del cielo lo envolvió y cayendo al suelo, escuchó una voz que le decía: “Saulo, ¿porqué me persigues?”.
Saulo se quedó ciego y todo hacía a tientas, por tres días esperó a alguno, ayuno y trastornado por cuanto le había sucedido; se puede decir que, desde aquel momento, nació Pablo, el Apóstol de las Gentes. Él decidió retirarse al desierto, para poner en orden sus pensamientos y meditar más profundamente el don recibido, ahí permaneció tres años en absoluto recogimiento.
Después de su retiro, confortado por la luz de Cristo, y se comenzó a predicar con entusiasmo, suscitando la ira de los paganos, que lo consideraban un renegado, así que intentaron asesinarlo, obligándolo así a huir.
Se refugió en Jerusalén, donde en al menos unos quince días se encontró en varias ocasiones con Pedro, que encabezaba a los apóstoles, y con Santiago, a quienes expuso su nueva vida. Los apóstoles lo entendieron y estuvieron con él horas y horas cada día, hablándole de Jesús; pero la comunidad cristiana de Jerusalén desconfiaba de Saulo, pues se recordaba de la feroz persecución que había tramado. Bernabé garantizó su confianza en él, sólo así se disiparon las dudas y Saulo fue aceptado por la comunidad.
Durante su estadía quincenal en Jerusalén, Pablo buscó realizar alguna conversión, pero esta iniciativa misionera irritó a los judíos y preocupó a los cristianos, por lo que, no encontrándose en su lugar, el Apóstol se dirigió a Cesarea y después regresó a su ciudad de Tarso en Cilicia, donde retomó su oficio de tejedor.
Del año 39 al 43 no tenemos
L´incontro di Pietro e Paolo
noticias sobre sus actividades, hasta que Bernabé, enviado por los apóstoles a organizar la naciente comunidad cristiana de Antioquía, pasó a verlo para invitarlo a seguirlo, aquí Pablo dejó para siempre el nombre de Saulo, porque se convenció que su misión no era tanto entre los judíos, sino entre los otros pueblos que los judíos llamaban “gentiles”; en Antioquía fue donde los discípulos de Cristo fueron denominados por primera vez “cristianos”.
Con Pablo, en pocos años y de modo impetuoso, “la Palabra sale de Jerusalén, y la Ley de Sion”, como fue anunciado por el profeta.

LOS VIAJES DE SAN PABLO

LOS VIAJES MISIONEROS
PRIMER VIAJE
Pablo y Bernabé predicaron con ardor misionero en las sinagogas, desde Chipre hasta Anatolia, la Buena Nueva de la resurrección y de la salvación en Jesús, fundando comunidades y curando enfermos.
SEGUNDO VIAJE
En el año 50 Pablo decidió partir para un nuevo viaje en Asia menor.
El viaje apostólico, que duró hasta el 53, tocó Grecia y Macedonia, donde Pablo evangelizó a Felipe: aquí mismo los dos fueron flagelados y encarcelados, pero después de un terremoto nocturno y la conversión del celador, fueron liberados la mañana siguiente.
Después fueron a Tesalónica, a Berea y a Atenas, regresando pasaron a Antioquía, donde por primera vez los creyentes fueron llamados “cristianos”.
TERCER VIAJE
En el 53 ó 54 inició el tercer gran viaje de Pablo; primero se dirigió a Éfeso, donde se quedó tres años: aquí su predicación hizo que disminuyera el culto a la diosa Artemisa y cuyo comercio sacro se vio afectado, esto provocó una sublevación popular, de la cual Pablo salió ileso.
Pablo visitó con conmoción las comunidades cristianas que había fundado en Asia menor, presintiendo de alguna forma que no las volvería a ver nunca más.
Cesarea fue la última etapa, ahí el Profeta Agabo le predijo el arresto y la prisión, de ahí llegó a Jerusalén hacia los últimos días de mayo del 58, allí llevó los donativos recogidos durante su último viaje.

CONVERSIÓN DE SAN PABLO

La conversión de San Pablo

Los Hechos de los apóstoles refieren la famosa frase que Pablo escuchó en el camino de Damasco: “Saúl, Saúl, ¿porqué me persigues?”

Pablo en la narración que él mismo hace de la aparición del Resucitado deja ver una gran confusión interior. Las vocaciones- conversiones proféticas del Antiguo Testamento, eran portadoras de una misión: “cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto…”(Gál 1,15-17).

La “conversión” radical de Saúl no representa para él un cambio de religión, pues él se siente más judío que nunca ya que es el “Dios de los padres” que lo ha mandado a predicar el evangelio. El evangelizador de los paganos continuará a predicar a los judíos mientras le sea posible, hasta que sea llamado definitivamente a Roma. La conversión y el bautismo de Pablo significan para él el descubrimiento de su verdadero y justo lugar en la vida de Israel.

Se ignora la edad de este capital acontecimiento, se puede deducir de la carta a los Gálatas que fuera entre los 33 y 35 años, poco después del nacimiento de la primera Iglesia, la de Jerusalén, que fue creada entorno a “Pedro y los once” (Hch 2, 14).

BIOGRAFÍA DE SAN PABLO

Biografía de San Pablo

Patrón: Roma, cordeleros, alfombreros, teólogos, trabajadores de relaciones públicas, fabricantes de tiendas de campaña, contra calambres, convulsiones, para la fertilidad de los campos, contra el granizo, contra el temor, de la prensa católica.

Pablo de Tarso (originalmente Saulo), canonizado como San Pablo Apóstol († 67), no conoció en vida -como los apóstoles- a Jesús, pero fue el primero que tuvo sólo como experiencia la del Cristo Resucitado.

Nació en Tarso y en su juventud fue mandado a Jerusalén, donde fue rigurosamente formado, en la enseñanza de la Ley, por Gamaliel el Viejo.
Después de algunos años regresó a Tarso, él no se encontraba en Jerusalén cuando Jesús predicaba. Su regreso tuvo lugar poco años después de la pasión de Cristo.


En esta fase de su vida, Saulo fue un fariseo muy activo: fue testigo de la lapidación de Esteban, pues custodiaba la ropa de los asesinos, como nos lo describen los Hechos de los Apóstoles (8, 1-3). Recibió poco después el encargo de ir a Damasco para apresar a los cristianos de aquélla ciudad (Hech. 9,2), en dicha tarea fue particularmente celoso en el cumplirla y decidido en ir contra la religión cristiana, que comenzaba a difundirse y afirmarse.

Su conversión sucedió en el camino a Damasco, cuando inesperadamente una luz del cielo lo envolvió y cayendo al suelo, escuchó una voz que le decía: “Saulo, ¿porqué me persigues?”.

Saulo se quedó ciego y todo hacía a tientas, por tres días esperó a alguno, ayuno y trastornado por cuanto le había sucedido; se puede decir que, desde aquel momento, nació Pablo, el Apóstol de las Gentes. Él decidió retirarse al desierto, para poner en orden sus pensamientos y meditar más profundamente el don recibido, ahí permaneció tres años en absoluto recogimiento.

Después de su retiro, confortado por la luz de Cristo, y se comenzó a predicar con entusiasmo, suscitando la ira de los paganos, que lo consideraban un renegado, así que intentaron asesinarlo, obligándolo así a huir.

Se refugió en Jerusalén, donde en al menos unos quince días se encontró en varias ocasiones con Pedro, que encabezaba a los apóstoles, y con Santiago, a quienes expuso su nueva vida. Los apóstoles lo entendieron y estuvieron con él horas y horas cada día, hablándole de Jesús; pero la comunidad cristiana de Jerusalén desconfiaba de Saulo, pues se recordaba de la feroz persecución que había tramado. Bernabé garantizó su confianza en él, sólo así se disiparon las dudas y Saulo fue aceptado por la comunidad.

Durante su estadía quincenal en Jerusalén, Pablo buscó realizar alguna conversión, pero esta iniciativa misionera irritó a los judíos y preocupó a los cristianos, por lo que, no encontrándose en su lugar, el Apóstol se dirigió a Cesarea y después regresó a su ciudad de Tarso en Cilicia, donde retomó su oficio de tejedor.

Del año 39 al 43 no tenemos noticias sobre sus actividades, hasta que Bernabé, enviado por los apóstoles a organizar la naciente comunidad cristiana de Antioquía, pasó a verlo para invitarlo a seguirlo, aquí Pablo dejó para siempre el nombre de Saulo, porque se convenció que su misión no era tanto entre los judíos, sino entre los otros pueblos que los judíos llamaban “gentiles”; en Antioquía fue donde los discípulos de Cristo fueron denominados por primera vez “cristianos”.

Con Pablo, en pocos años y de modo impetuoso, “la Palabra sale de Jerusalén, y la Ley de Sion”, como fue anunciado por el profeta.

VIVAMOS EL AÑO PAULINO




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